3 de junio de 2011

Quien quiera ser victimario alce la mano. Que hay mil y una oportunidades tan desesperadas como los sentimientos desaforados, inesperados y fuertes, alegres y tristes que salen del alma o sin ningún permiso, solo con un pequeño toque en el interior de un corazón frágil.
Le quedan las marcas en su piel imborrables. No lo ve, tampoco lo sintió, se enoja, es desagradable y queda por largo tiempo, no queda bien.

 Hay que usar el tiempo , ése para hallar a la victima quien estuvo en el juego sucio en el que se cambian mágicamente los roles y la victima pasa a ser un asesino y el provocador muere. Donde no muere ni el cuerpo ni el alma sino el ser, el amor de la persona, bondad o lo poco que lo distinguía benignamente. Y ¿Cómo recuperar lo que no murió literalmente, lo que en realidad nunca estuvo pero ahora está, recién ahora sale a la luz su presencia. ¿Cómo se obtiene si no existe si no se compra? ¿ Se crea, se siente, aparece de la nada, crece sin saber a dónde llega? No tiene que llegar al mismo lugar como lo hace siempre donde sus palabras vuelan, hasta llegar a ese lugar incognito donde no se puede razonar y la victima queda imposibilitado de liberarse, donde el victimario tiene el poder.
La salida es lo que se perdió y hay que construir pero si ya no quedan materiales no se hallara ese lugar, el victimario no lo permite, quiere predominar su juego, la mentira, la que usa sobre cada persona, débil, que ya no tiene fuerzas para defender su pequeña verdad la que permaneció en la oscuridad y no podrá llegar a esa salida sin construir.

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