6 de abril de 2011


Es el pequeño espacio el que inquieta, el que mata y hace revuelo, el que cae en la depresión. El pequeño espacio que ciega y no deja ver más allá de lo permitido. Es el pequeño espacio el que no deja abrir la mente con la brisa refrescante de la tarde, la que descanza los pensamientos que tanto fueron usados por los que conocen la vida a la interperie. Pero la brisa también actúa como droga deseable e imposible, no permitida y poco alcanzable para aquellos que solo la ven pasar, para aquellos que lo sienten de lejos tras la ventana oscura con la que junto con la brisa ven pasar la vida. Y el mundo en movimiento solo se puede describir desde afuera con el deseo de vivir allí y sentir la brisa en la piel como cada persona en cada tarde cuando refresca su mente y la transforma en sabiduría.

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